¿Por qué nos vestimos como nos vestimos? Emoción y Moda

Andreea LeonteEmoción y ModaLeave a Comment

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A veces, en el trabajo, nos ponemos ropa básica, como un jersey negro y unos vaqueros. Este atuendo, aunque simple, encaja en casi cualquier contexto. En cambio, otras veces, nos ponemos ropa mucho más formal, como una chaqueta de traje en un día de reunión. Es un día diferente en la rutina laboral y parece que requiere un atuendo diferente.

¿Por qué variamos si nadie nos lo pide explícitamente? ¿Si vamos en chándal en el trabajo que pasaría? ¿Son normas sociales que seguimos para encajar? ¿O tenemos otras motivaciones?

Claro está que puede haber múltiples factores que pueden influir a la hora de decidir qué ropa nos ponemos. Algunas veces hay normas explícitas, como los pubs que no permiten entrar si no vistes según un código. Otras veces las normas son más implícitas y sería difícil situar el momento del aprendizaje. Y con o sin normas, tenemos motivaciones personales para cualquier decisión que tomamos, incluido nuestro look diario.

El atuendo que elegimos cada día es una manera de reflejar aspectos personales y sociales propios. Es decir, es una actividad de auto-presentación. La auto-presentación describe cómo las personas planifican y aplican estrategias para gestionar las impresiones que provocan alrededor.

Las personas se visten de diferentes maneras para comunicar diferentes mensajes. Es posible que seamos conscientes de ello, pero de manera más simple. Por ejemplo, mínimo una vez en la vida habremos escuchado que la primera impresión importa. No todos los días generamos primeras impresiones que afecten a nuestras relaciones. Pero cada vez que salimos a la calle, sí generamos primeras impresiones en cientos de personas. Aunque objetivamente eso no nos afecte, parece que sí nos importa.

En términos empíricos, se ha visto que las personas son capaces de juzgar correctamente los rasgos de personalidad de otros en base a su vestimenta. Por ejemplo, las personas pueden ser capaces de extraer señales de narcicismo de la manera de vestir de otros.

Hay personas que cuidan su vestimenta cada vez que van a un sitio público, incluso si solo salen 10 minutos. ¿Por qué lo hacen? También existen personas que no varían mucho. Desde luego, no es algo negativo, pero los estudios previos indican que hay diferencias cognitivas y/o emocionales entre unos y otros.

Se ha visto que la capacidad de auto-observación (self-monitoring) es la que marca la diferencia. Las personas con una auto-observación por encima de la media suelen tener un vestuario más diverso que los demás. Eso les permite adaptar su imagen de manera más precisa a diferentes ocasiones.

Muy relacionada con la auto-presentación es la autoconciencia pública. Los sujetos con mayor autoconciencia pública están más interesados e implicados con cuestiones de moda. Esta alta autoconciencia supone mayores preocupaciones sobre cómo otros nos perciben.

Por ello, la auto-presentación se cuida y la ropa es parte de ello. Si somos muy conscientes de cómo nos presentamos ante los demás, la ropa sirve de mecanismo de auto-presentación. Su finalidad es conseguir mostrar a los demás aquello que queremos o creemos ser.

No se carece de estudios de la auto-presentación en este contexto, pero la mayoría ocurren en el laboratorio. Esto implica que la validez ecológica de los resultados es bastante baja. Por ello, Nezlek J. B., Mochort E. y Cypryanska M. presentan en el artículo Self-presentational motives and public self-consciousness: why do people dress a certain way? (2019) un estudio enfocado en los motivos de auto-presentación que subyacen a la selección del atuendo público en el día a día.

Se analizan las motivaciones de haber elegido la vestimenta durante dos semanas de 61 adultos trabajadores. También se analiza la relación entre las motivaciones y la autoconciencia, la ansiedad social y la auto-observación. Este estudio sí se lleva a cabo en el contexto real, por lo que aportan datos interesantes con mayor validez ecológica.

Los resultados mostraron relaciones positivas entre la autoconciencia pública y la fuerza de varios motivos de auto-presentación. Es decir, a mayor autoconciencia pública, mayor fuerza de las motivaciones sobre la decisión de qué se van a poner.  Ponerse ropa nueva, impresionar a alguien específico o crear una impresión positiva general son algunas de las motivaciones más importantes.

Cuanta mayor autoconciencia pública, mayor preocupación sobre qué van a pensar otros sobre la vestimenta propia. Asimismo, mayor preocupación para generar una impresión positiva en los demás.

La ansiedad social, en cambio, hace que las personas busquen no atraer la atención. Así, evitan la posibilidad de que les evalúen negativamente. Asimismo, a mayores niveles de ansiedad social, menor satisfacción con la ropa. Se observa también menor interés en vestirse con el fin de sentirse bien consigo mismo o para impresionar a otros.

Ser muy auto-observador parece estar relacionado con el interés para impresionar y crear una imagen. También conlleva una motivación para tapar imperfecciones y destacar. Los niveles de auto-observación no generan motivaciones que no estén directamente relacionadas con las impresiones que generamos en otros.

Es importante diferenciar entre la auto-observación y la autoconsciencia. Ambas implican preocupaciones y motivaciones sobre la apariencia pública. En cambio, difieren en los aspectos específicos de la apariencia a los que atienden.

La auto-observación supone atender al propio comportamiento e imagen, pero con una orientación predominante hacia los requisitos sociales. Alguien muy auto-observador capta los comportamientos de otros, pero el fin es monitorizar y manipular el propio comportamiento y las impresiones ajenas consecuentes. Por ejemplo, una dependienta de ropa elige vestuarios que generen impresiones de calidad, autocuidado y conocimiento en tendencias.

En cambio, las personas con alta autoconciencia dirigen su atención primordialmente hacia sí mismas. Ser autoconsciente conlleva motivaciones más personales, como reflejar aspectos que pensamos tener realmente. Otra opción es elegir vestuarios que hacen sentirse bien consigo mismo. Por ejemplo, ponerse accesorios que encajan con la idea de uno mismo de ser práctico. Pendientes simples, mochilas, etc. Otro ejemplo sería ponernos ropa de tendencia porque nos hacen sentir actuales, juveniles y guapos.

Otra cuestión analizada en el estudio es el efecto de los cumplidos y de la satisfacción con la vestimenta elegida. Ambos aspectos aumentan nuestra auto-estima, la satisfacción con la vida e impactan en nuestras emociones. El atuendo parece ser una parte importante de la identidad social. Cuando una persona cree haberse vestido bien u otros opinan así, se siente bien consigo misma y con su vida.

Como conclusión general del estudio, cabe destacar que la ropa es un mecanismo muy importante de auto-presentación. Buscamos congruencias entre cómo creemos ser y cómo nos perciben los demás. O bien buscamos generar impresiones en dirección a cómo queremos ser, aunque en lo privado las cosas sean algo diferentes. La cuestión es que, para cualquier decisión, tenemos motivaciones subyacentes y estas son la base de nuestras decisiones. Conocerlas ayuda a conocernos. Conocernos permite potenciar aquello que nos beneficia e incluso mejorar aquello que nos perjudica, sea a nivel privado o social.

Otro dato a tener en cuenta es ¡haced cumplidos! No se trata de mentir solo por aumentar la autoestima de otros. Pero si el atuendo de otros nos gusta, generamos un beneficio en el otro y sin coste para nosotros.

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